¿Cuáles son los principios de nuestra Educación Propia?
Son los principios de la organización: UNIDAD, TIERRA, CULTURA Y AUTONOMÍA, los pilares del proceso organizativo del CRIC, que guían el camino para la reivindicación de nuestros derechos territoriales, culturales, económicos, políticos y sociales, entre ellos la Educación Propia. En correspondencia con ellos debemos:
Formar para la unidad: implica pensar y actuar para el bienestar de todos, formarse desde el ser para la comunidad, con el fin de mantener la armonía y el equilibrio en las distintas relaciones comunitarias, especialmente en el fortalecimiento de las familias para que aporten a la construcción de una comunidad unida, solidaria, con sentido humano, recíproca, consciente, leal, trabajadora; que valoren transmitan y vivencien los conocimientos y saberes ancestrales. Una formación que redefina las relaciones en condiciones de equidad, donde la diferencia y el reconocimiento de la diversidad, toman un camino complementario de encuentro para el enriquecimiento mutuo entre las culturas.
Formar para el territorio: significa conocerlo, cuidarlo, respetarlo, defenderlo y protegerlo para el bienestar comunitario, espiritual, político y económico en armonía con los seres de la Madre Tierra, comprendiendo que es el espacio de vida que asegura la pervivencia como pueblos y nos permite un verdadero compromiso social, político, cultural y espiritual. Es nuestra obligación escuchar su voz, entender sus mensajes, obedecer, ritualizar, conocer, trabajar y establecer un diálogo con la tierra y el territorio que da alimento, abrigo, protección, armonía y que es la fuente del conocimiento, la sabiduría y la enseñanza milenaria.
Formar para la cultura: la cultura es la expresión material y espiritual de los pueblos que se transmite de generación en generación, y en ese sentido, permite la comprensión e interpretación del mundo y el origen de la vida. Orienta el comportamiento individual y colectivo, relacionado con la lengua materna, las tradiciones, los hábitos, valores, y el conocimiento; considera la relación con otras culturas, siempre y cuando se aporte a enriquecer y dinamizar los valores propios. En correspondencia con ello, es necesario establecer y vivenciar los valores de reciprocidad, respeto, diversidad, colectividad y convivencia armónica. Formar para la cultura implica fortalecer y dinamizar cotidianamente la ritualidad, el lenguaje, el trabajo, la alimentación, el vestido, los valores, las costumbres y tradiciones desde la Ley de Origen y la cosmovisión de cada pueblo.
Formar para la autonomía: es nuestro derecho como pueblos a desarrollar la organización territorial, política, administrativa, pedagógica y cultural propia, acorde con los lineamientos de los planes o proyectos de vida. Implica la capacidad para decidir, orientar, evaluar y controlar los procesos educativos en coherencia con las finalidades, enfoques, planteamientos colectivos y exigencias actuales. Está orientada por los mandatos, reglamentos y/o mecanismos de operatividad en los campos administrativo, pedagógico y político – organizativo. Así mismo, comprende el derecho a la libre determinación de nuestros pueblos para definir y asumir el sistema de vida que nos permite orientar de una manera organizada los procesos de formación y capacitación de acuerdo con la realidad de cada pueblo. Es el ejercicio y derecho práctico que, desde la cosmovisión, permite la libre determinación de los pueblos para definir y asumir los planes o proyectos de vida, es decir, pensar, decidir y actuar dentro y fuera del territorio. En este orden de ideas es fundamental destacar la capacidad para proyectarse y articularse como ser colectivo desde los procesos de formación.